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Luces sobre el Río de la Plata: qué se sabe y qué se supone

Un repaso por avistamientos documentados en la costa porteña entre 1968 y 2015

Publicado el 14 de marzo de 2024 · Lectura de 9 minutos

Si alguna vez te quedaste mirando el río de noche desde la Costanera, en Quilmes o en Berisso, sabés que el horizonte se vuelve una línea difusa donde cuesta distinguir una boya de un barco, un reflejo de una luz que se mueve. Sobre esa franja húmeda y ancha se acumularon, durante décadas, decenas de reportes de "luces raras". Algunos tienen respaldo documental. Otros son anécdotas que pasaron de boca en boca. La idea de esta nota es separar una cosa de la otra.

No vamos a decirte que son naves, ni que no lo son. Vamos a mostrarte cómo se investiga un avistamiento con método: qué se anota, qué se consulta, qué se descarta y qué queda abierto. Porque el trabajo serio no consiste en creer ni en burlarse, sino en ordenar la información.

Los primeros registros: 1968 y la costa sur

Los archivos de prensa de la época ubican varios reportes entre 1968 y 1972 en la zona de Quilmes y Avellaneda. En general eran pescadores que salían de madrugada y veían puntos luminosos quietos sobre el agua, a baja altura, durante varios minutos. Las notas de Clarín y La Nación de esos años mencionan "luces no identificadas" sin demasiado desarrollo, y en algunos casos las atribuyen a balizas de embarcaciones o a reflectores de la ribera.

Lo interesante no es el titular, sino lo que queda afuera: casi nunca se registraba hora exacta, dirección del viento ni posición del observador. Sin esos datos, cualquier hipótesis queda en el aire.

Informes de la Fuerza Aérea y tráfico aéreo

A partir de los años ochenta, algunos casos costeros llegaron a informes oficiales. La Fuerza Aérea Argentina mantuvo durante un tiempo un registro de "fenómenos aéreos no identificados" que hoy se consulta con reservas: los formularios eran breves y muchas veces el testigo declaraba días después del hecho. Aun así, sirven para cruzar datos.

Cuando se compara un avistamiento con los movimientos de aeronaves del Aeroparque y de Ezeiza, una parte importante de los reportes se explica por aproximaciones nocturnas, luces de aterrizaje vistas de costado y reflejos sobre el agua. No es un detalle menor: el estuario está en medio de uno de los corredores aéreos más transitados del país.

Lo que queda como pregunta abierta

Después de descartar balizas, tráfico aéreo, reflectores y reflejos atmosféricos, queda un conjunto pequeño de casos donde el testigo describe un objeto con movimiento propio, silencioso y a baja altura, sin correlato en los registros consultados. No son muchos. Y no alcanzan para afirmar nada, pero tampoco para cerrarlos sin más.

En nuestro archivo los clasificamos como "no resueltos", que es distinto de "misteriosos". Un caso no resuelto es simplemente un caso donde la información disponible no permite llegar a una conclusión. Eso también es un resultado.

Cómo se investiga, en la práctica

Cuando alguien nos escribe con un avistamiento, lo primero que pedimos es la hora exacta, el lugar desde donde miró, la dirección hacia donde estaba el objeto y las condiciones del cielo. Después consultamos el Servicio Meteorológico, revisamos si había luna, nubosidad o inversión térmica, y cruzamos con los registros de vuelo disponibles. Recién ahí empezamos a hablar de hipótesis.

Si querés ver ese procedimiento aplicado a un caso concreto, en el expediente Thames mostramos paso a paso cómo se arma un informe desde cero. Y si te interesa el costado atmosférico del asunto, en ilusiones en la pampa repasamos los fenómenos ópticos que explican buena parte de los reportes rurales.

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